Siempre he tenido pendiente este artículo. Quizá porque mi vida está ahora llena de recursos con los que soy infinitamente más feliz , y, es tanto lo que he aprendido estos años que no quiero ni desmerecer otras herramientas que me han funcionado muy bien ni olvidarme de la que me empujó poco a poco a salir de mi vida de mierda (lo siento, usted a estas alturas ya debería saber que hablo fatal y dudo que esta faceta mía vaya a cambiar a medio plazo, pero lo cierto es que era una vida de mierda y no hay otra palabra igual en el diccionario).

La técnica es Reiki. El Reiki de siempre. El serio. El que nació en Japón y se extendió en occidente aunque se le conoce como Tibetano (por razones que se entienden cuando practicas por primera vez. Los chakras, los famosos chakras de los que todo el mundo habla no tienen mucho que ver con la cultura de Japón, sino con la que se pierde en los confines de la India, Nepal… y se usan en este lado del mundo para entender que tenemos 7 motores de energía pendientes continuamente de nuestro cuerpo, o para poner posters en su casa y darle un rollo hindú si así lo desea. No seré yo quien critique ese merchandising.)

¿Por donde iba…? Ah si, solo te había mencionado mi querido Reiki. Tengo que darte las gracias. A tí como herramienta y a todos los maestros que me enseñaron directamente y a los que preceden a estos. Pues son los maestros los que se encargan de divulgar esta técnica, a veces, incluso contra vientos y mareas.

Yo estaba coja perdida. El dolor me superaba. Me tiré dos años sin poder caminar bien y sin embargo, cuando me topé contigo, Reiki querido, me encontré con la llave de mi alma. De los dolores que, debajo de mis lesiones gritaban hace tiempo por ser sanados. Cuanta paz he encontrado contigo. Y cuantas enseñanzas… aunque también merece la pena decir que contigo aprendí a mirar mi porquería cara a cara, y que entre nosotros, no todo han sido momentos felices.

Es ahora que entiendo que debemos abrazar al lobo malo. Es ahora que entiendo que el “pozo” me estaba empujando irremediablemente hacia esta versión de mi misma que espero que no se marchite y para la cual sigo trabajando a diario. Por poco que sea, pero a diario. Es ahora que comprendo que no hay nada que sanar que no venga de mis adentros. Y es ahora que disfruto de enseñar con honor tus maravillas, pues sigue siendo un honor para mi ser maestra y encontrarme entre la lista de personas que divulgan el Reiki puro. El que devuelve, que no otorga, a los demás la capacidad de recuperarse de sus propios pozos. El que es amor incondicional hacia uno mismo, pues hacia los demás aun es algo que veo que tiene trabajo en todos nosotros.

Honro a mis maestros, y sobre todo a mis alumnos, porque jamás aprendí tanto de tí como intentando enseñarte al mundo. Tal y como me advertiste por cierto…

Todo mi amor.

Susana