Querido lector, querida lectora, amigo/a en general,

Si estás aquí es porque algo ha vibrado dentro de ti. Algo relacionado con tu felicidad que te ha llamado la atención. Lo se, porque yo misma lo he pasado y durante muchos años. A estas alturas de mi vida puedo decirte que yo misma he sido una adicta a los ansiolíticos y a los dramas. Sí, adicta, hubo un tiempo (muy largo) en mi vida que no sabía vivir sin ninguno de los dos que te acabo de mencionar.

Escribo este post para pensar y opinar abiertamente acerca de aquello. Yo lo llamo el pozo de los horrores y creo, firmemente, que muchas personas pasamos por él. Algunos sin darse ni cuenta y creyendo que esa amargura en la que viven es, sencillamente, su forma de ser y cayéndose mal a si mismos y a los demás de forma perpetua. ¡Qué horror! Me remueve solo recordarme en esa misma tesitura.

Mi vida transcurrió entre huracanes, tantos que he tenido que escribir un libro para poder expresar tan solo una pequeña porción de los mismos. Hace nada, por no decirte que ayer mismo, una amiga me dijo “Susana, has vivido cuatro vidas en una”, y es cierto. De lo que no me puedo quejar es de que mi vida está adornada por infinidad de historias, muchas malas, aunque también buenas, no lo vamos a negar.

No se si a ti te pasará lo mismo que a mi, es posible que si, ya que yo, después de encerrarme a estudiarme a mi misma (sí, lo que estás leyendo) me di cuenta de ciertos patrones que se repetían entre las personas que estaban en el pozo como yo. Mis señales de negrura eran varias, y te advierto que como no soy psicóloga ni psiquiatra ni nada que se le parezca, son señales desde luego no-homologadas ni validadas por organismo científico alguno. Son las que yo he detectado, que para eso fui una experta en deprimirme, tomar pastillas para ser feliz, y mirar al mundo con rabia continuamente.

Puede que hoy en día estés padeciendo miedo, ataques de pánico que te abordan en medio de la calle, palpitaciones, insomnio, picores en la piel, temblores (a mi las manos me temblaban que no estaba yo precisamente para llevar una bandeja con copas de vino en ningún sitio), dolores corporales, presión en el pecho, dolor en la boca del estómago, presión en la cara y en la frente, dolor de hombros, sensación de irrealidad o dolores físicos de los que ningún médico encuentra causa. Y aunque esto es lo que llora tu cuerpo, en realidad son sensores que te indican que algo va aun peor: tu interior.

Nada de lo que acabo de mencionar es comparable con las dudas de lo que tú pintas en este mundo y entre los tuyos. ¿También te ha pasado?. Tampoco es comparable a la sensación perpetua de que te vas a morir un día de estos como vuelva a darte un ataque de pánico. ¿De que tu familia es imperfecta y no te asegura felicidad? ¿De que la líbido se va a tomar viento fresco? ¿De que tu trabajo es odioso y tienes o estás a punto de tener una baja por estrés? ¿De que tu marido o mujer no te satisface plenamente porque hay siempre un agujero dentro de ti por donde parece que se escapa todo? ¿De tu miedo a que jamás recuperes las ganas de divertirte? ¿De tus propias observaciones hacia ti mismo/a pensando que eres aburrido y que es normal que tus amigos no te llamen? ¿De que estás tolerando malas compañías que no te tratan bien solo por no sentirte solo o sola? ¿De que las broncas con tu entorno son constantes? ¿De que sueñas con dedicarte a otras cosas y sin embargo el miedo a la vida impide que vayas a por tus sueños y eso te hace maldecir esta sociedad? ¿De que, casualmente, no paran de ocurrirte cosas malas? ¿De que nadie te quiere? ¿De que sonríes y por dentro estás queriendo, por todo ello, morirte? ¿Tú quieres morirte? Pues yo no, ahora no, aunque sí que quise durante un tiempo. Vamos, venga ya, no te asustes, no soy esa clase de suicida. Nunca planee nada de eso, sin embargo no me hubiera importado que todo acabara.

Estas de arriba, como te digo son señales que he observado cuando tímidamente empecé a compartir como me sentía con otras personas y estas conmigo. Y de todas ellas, te aseguro que prefiero las del primer bloque, las que se refieren a los dolores físicos y no a los dolores del alma. Los que corroen por dentro. ¿Cuánto mejor es un dolor de hombros que pensar que nadie te quiere de verdad? ¿A que si?

En fin, conozco el pozo. Te aseguro que sí. Y además tiene la peculiaridad de que cuando estás dentro no lo ves tan negro, sin embargo cuando asomas la cabeza a otro tipo de vida un día piensas “pero qué hostias estoy haciendo con mi vida”. Acostúmbrate a mi querido amigo o amiga, digo muchas palabras feas. No creo que la pregunta que acabo de exponer tuviera la misma intención si me ahorrara la palabra “hostias”.

Un día tuve una gran suerte. Caí del todo en picado. Ahora lo veo como una suerte porque de no pegarme esa leche creo que habría seguido dentro del pozo “forever”. Esa suerte, cuyo relato al completo he expuesto en el libro, me llevó al único proceso que de verdad recomiendo. El autoconocimiento. Es por esa puerta por la que uno empieza a salir del agujero. Del pozo. La verdad es que siempre lo llamo así.

En mi caso, el autoconocimiento pasó por meterme de lleno en entrenamientos de todo tipo, especialmente interiores, o espirituales como tú lo quieras llamar. Es cierto que pasé por templos, maestros, psicólogos, coaches y personas con todo tipo de cualidades extrañas que empezaron a abrirme los ojos, aunque no fueron ellas las que hicieron realmente nada por mi. Unicamente me empujaron a entender que yo debía saber un poco mejor de qué narices va esto de vivir. Te lo cuento todo aquí. En este enlace he dejado el acceso a los primeros capítulos. Los del pozo de los horrores. Son gratis y para ti.

Sufrí mucho. En el proceso de apertura y dejarme llevar por los locos que se empeñaban en decirme que mi vida tenía sentido, sufrí lo indecible. No te voy a aburrir porque lo cuento en detalle por videos libros y todo tipo de material que ahora comparto, aunque este punto, el del sufrimiento de conocerme a mi misma es verdaderamente el lugar al que te quiero traer hoy.

Ver mis sombras por dentro con todo tipo de técnicas (que puedes usar o no) fue un proceso sanador idéntico al de cualquier herida que duele en tu cuerpo. Reparar mi amor propio es algo que no sabía hacer y mientras aprendía picaba y dolía como cuando una brecha en tu piel se está cerrando y duele. Duele para avisarte de que ese dedo que está sangrando debes dejarlo descansar y no utilizarlo durante un tiempo.

Quien te diga que tu vida se resuelve con los famosos métodos de “4 pasos hacia la plenitud”, “7 meditaciones imprescindibles para una vida de paz”, “26 oraciones que debes repetir si o si para ser tu mismo”, “143 frases positivas que leer cada mañana”, “1345 libros de autoayuda que tienes que leer antes de morir” o “7 millones de pensamientos que instalar en tu cerebro para alcanzar el nirvana” creo que simplemente está minimizando exageradamente lo que realmente es un proceso de recuperación. Exageran para que te sientas atraído por sus métodos, y ojo, probablemente son los que les hayan funcionado a ellos y lo comparten en una modalidad hiper sintetizada. No digo que no. Yo no soy nadie para decir que quien haya repetido 143 frases positivas no ve la vida de otra manera… no es eso. Me refiero a las esperanzas que se depositan en ti cuando leas el titular del método pues salir del pozo es un proceso en el que debes tener paciencia y mucho amor por ti mismo. Es un proceso de toma de conciencia de que debes estar PRESENTE en tu cabeza loca e ir ordenando lo que pasa por ella, poco a poco amigo, amiga. Poco a poco.

Además salir del pozo tiene que tener un destino. Es igual que cuando ves una herida y, si eres cirujano, decidirás si la cierras con puntos de sutura, tiritas o la dejas al aire. Cada herida tiene una razón en ti y un camino de vuelta diferente. Es posible que un método te funcione para conciliar el sueño y que otro sin embargo te ayude a perder ciertos miedos. Tienes que ir probando de todo y durante bastante tiempo me temo.

Pero se sale. Del pozo de los horrores se sale. Yo me tomé ocho años de nada en reflexionar todo tipo de enseñanza que llegaba a mis manos. Enseñanzas normalitas y extrañas. Oficiales y peculiares. Científicas y esotéricas. Todas. ¿Para qué iba a desechar alguna? ¿Por el qué dirán? Pues no, no lo hice, no las deseché. Unicamente seleccioné las que me iban sirviendo y ahora comparto.

¿Cual es buen método para ti? Te preguntarás ahora… ¿Qué sería un buen punto de partida? La verdad. No lo se. Solo se que tienes que empezar a moverte ahora. Llamar a una puerta y luego a otra y a otra y se irán abriendo delante de ti ideas, sugerencias, recomendaciones de otros… pero tienes que meterte ya en El Camino. Yo lo llamo así, aunque en el libro te invito a que descubras a qué me refiero exactamente con El Camino. A como lo hice yo y como lo sufrí.

Debes arrancar el motor que te tiene asustado o asustada en el sofá. Yo preferí el Reiki, la meditación y el silencio sobre todas las cosas, sin embargo tú puedes transitar tu Camino a tus anchas y saltando, como en el juego de la oca, de casilla en casilla encontrando tu sendero. Pero no pares nunca. No te dejes convencer por “4 pasos milagrosos” que te llevarán a ningún lado. El Camino es eterno amigo, amiga… eterno y con ello permítete también tener días malos.

A mi, hoy en día la gente me sigue diciendo “Susana, tan espiritual eres y se te va la pinza terriblemente”. Y claro que me considero del club espiritual ¡no tendrías más que ver mi casa! pero también me considero una eterna aprendiz y me permito mis errores. Y eso, también te lo debes permitir a ti.

No pares. Busca a tus maestros, ayudantes y técnicas que te introduzcan dentro de ti mismo. Y prepárate porque huele a podrido dentro. Y vas a bajar sin mascarillas que disimulen el hedor que llevas contigo a todas partes.

Con todo mi amor.
Susana.