No entiendo por qué, después de pasar por lo que hemos pasado nos empeñamos en convertir a los niños en lo mismo que nosotros.

Los de mi quinta, somos la generación del estrés. Hablamos y diagnosticamos estrés cada día con una facilidad que asusta. Quien más quien menos ha padecido algún ataque de ansiedad o conoce a alguien que lo ha tenido. Es la enfermedad del siglo XXI. La depresión, la angustia vital, la presión en el pecho, los dolores que consultamos al médico porque no podemos más pero este no nos encuentra nada… vienen del puñetero estrés.

¿Quien sabe cuales son las razones para ese estrés tan asqueroso? Yo no. Yo solo puedo vislumbrar motivos en mi propia vida, y de vez en cuando observar los mismos en los demás, aunque, vive Dios que yo no estoy en sus pellejos, pero me atrevo a opinar que son parecidos.

Tenemos que cumplir, cumplir, cumplir y cumplir continuamente. Esa es la razón de tanta angustia. Cumplir en el trabajo, llegar a nuestra hora puntuales, morir por el camino si te encuentras un atasco, cumplir como padres, hacer cenas, baños y deberes en casa. Cumplir como pareja, aunque si quieres esto es lo que más vamos abandonando. Y sobre todo cumplir con lo que dicta esta sociedad podrida mientras nuestros hijos nos observan.

Y ahora mira a tus pequeños, o a los pequeños de otros si los tienes cerca. Ellos no nacen con ese estrés (y no hablo de que no haya niños que nazcan de madres estresadas, que esos si que los hay, e incluso con síndromes de abstinencia u otros problemas). No nacen con el estrés vital de tener que cumplir a todas horas. Nacen con lo que nosotros deberíamos tener: ganas de vivir, de experimentar, de pasarlo bien y de aprender (que no de estudiar y empollar gilipolleces en un aula encarcelados). Nacen puros, sin rencores. Se enfadan entre ellos y a los 5 minutos lo han olvidado. Se caen y se levantan y te hablan de fantasías sin que nadie les llame locos. Son amor puro, fieles hasta lo desconocido. Tienen alegría de vivir y no conocen ni el dinero ni los terribles terrores que tenemos los adultos.

Y ahora claro, la pregunta es inevitable ¿cómo siendo nosotros la generación de los ansiolíticos nos empeñamos en meter a nuestros pequeños en la misma rueda? ¿no deberíamos advertirles que no somos el ejemplo a seguir? Porque si nos siguen van a convertirse en adultos quejicas que no saben superar una ruptura, que se aterrorizan si les echan del trabajo, que se cagan en todo lo cagable si no gana el Real Madrid, y pierden los nervios en la cola del super solo porque se les ha colado una señora. ¿Me quiere decir alguien qué tienen que aprender los niños de nosotros?

Debería ser al revés, cada vez que naciera un niño en una familia nombrarle maestro oficial del clan y obligar a todos los miembros a tenerle como referente de lo que sí se debe hacer. No nos engañemos, si un niño pinta nuestra pared de casa con un lápiz nos ponemos de los nervios y gritamos hasta la saciedad porque nos ha sacado de esa forma de cumplir tan extraña: la de cumplir con el hogar solo porque yo, mami, he pintado la casa pagando a un pintor que he pagado con el sudor de mi frente y me cuesta muchos esfuerzos tenerla impoluta como para que tu vengas ahora a sacarme de mi caja, no porque los rayajos en la pared hagan daño alguno. Y el niño alucina claro, ahí empiezan sus problemas, empieza a intuir que esa manera de expresarse que ha encontrado es mala, que no debe hacer lo que siente porque mamá se volverá loca, que es mejor esconder sus impulsos no vaya a ser que se lleve un tortazo… hasta que un día se convierta en adulto que perpetuará esta manera de comportarse, no se atreverá a decirle a su jefe las propuestas que tiene y no se atreverá a hablar en público solo porque desde su más tierna infancia ha entendido que lo hace está mal.

Necesitamos tener un corazón de niño, disfrutar con un palo, una flor, una playa, un amigo… ¿acaso los niños no nos enseñan que en realidad no necesitamos nada más? ¿por qué les ignoramos tanto? No lo se… tenemos mucho trabajo que hacer para quitarnos envoltorios inutiles. Ser adulto es un soberano rollo, no mola es aburrido y no aporta gran cosa. Los problemas de la humanidad los creamos los adultos con nuestras ansias de controlar, poseer y dominar a todo el mundo, mientras cumplimos, eso si. No vaya a ser que nos llame nuestro jefe y no tengamos preparados a las 9 esos informes tan importantes que el señorito necesita para cumplir a su vez con quien a él o ella le mandan.