Últimamente he tenido ocasión de hablar de este concepto de la espiritualidad que está tan de moda, con varias personas. Desde luego, no se puede negar que algo está pasando ahí afuera. Jamás antes había habido tanta demanda de técnicas, métodos, sistemas de autoconocimiento, libros, enseñanzas y productos espirituales o relacionados con escuelas o tradiciones espirituales. Es una pasada. Aquí, en el pueblo en que yo vivo, el máximo exponente de que lo espiritual está de moda es una tienda de cigarros electrónicos de esos que fumas un vapor asqueroso para evitar fumar el tabaco de siempre y cuyo nombre y reclamo es un Buda enorme. No salgo de mi asombro. No quiero pensar qué pensaría el Buda de este comercio… legítimo comercio por cierto, a quien deseo todos los éxitos, faltaría más.

Anécdotas a parte, este es solo un ejemplo de que “lo espiritual” se quiere meter con calzador en todas partes. Y eso, a parte de mercado-técnico, es también el efecto colateral de que lo espiritual mueve a la gente sin ningún tipo de duda.

Sin embargo, yo soy de las que piensa que el crecimiento espiritual no tiene mucho de comercial. Ni si quiera de placentero. Llegar a la paz, el nirvana o cualquier estado de elevada claridad implica que la persona que se empeña en intentar llegar haya sufrido previamente. No es un dato confirmado por ministerio alguno, es solo una apreciación mía de que, quien trabaja en si mismo para eliminar ciertos sufrimientos trabajando desde el interior y no desde el exterior, tiene que haberlos conocido primero. Los sufrimientos. Habérselos topado cara a cara.

Meterse de lleno en esa piscina interna donde residen los miedos, las mierdas personales, las malas experiencias, los abusos, los complejos, las taras, las carencias… para querer entender quien es uno mismo y de qué narices estamos hechos y qué leches pintamos aquí, requiere cierto valor y paciencia. Con la sanación de los sufrimientos ocurre lo mismo que con quien limpia una caca de su perro. Acercarte a esa caca huele a pestes. Meter la mano hace que te lo pienses antes dos veces. Removerla para quitarla de ahí produce nauseas y tentación de abandonar la faena y solo, los que continuan y superan esa fase comienzan a ver su suelo limpio, y puede que hasta brillante. Aunque huela a mierda a su alrededor por un tiempo.

Crecer por dentro es un reto. Superar tus porquerías personales va mucho mas allá de tomarte medicina para sentirte bien. Va de encontrar el amor propio. Ese que jamás has utilizado y claro, para llegar a ese destino hay curvas, por mucho que el comercio de lo espiritual se hinche a vender cuencos tibetanos.

No es que yo no compre producto espiritual, de hecho me encantan ciertas cosas a las que tengo mucho apego. En mi casa tengo chakras, Budas e incienso. Y me gusta aunque esos objetos no te sitúan dentro de lo espiritual y de ello soy plenamente consciente ahora. Tampoco las religiones ni los maestros o gurús que visitas ni mucho menos creer en nada. Conozco personas de lo más ateo del mundo, que son de una profundidad espiritual que apabulla. Y conozco creyentes de domingo por la mañana que no tienen nada de espiritual ni lo van a tener en esta vida.

Búscate ¿sabes quien eres? debajo de tu caca de perro personal ¿sabes quien reside? ¿quien te está esperando debajo de tu podrida mente para decirte que la vida es maravillosa? Yo no tengo las respuestas. Lo único que tengo y por lo que vibro a diario es por no ignorar jamás esas preguntas.

Un beso.
Susana.