La depresión es una putada. No se me ocurre otra manera de describirla. Yo que la he padecido de todas las maneras posibles confirmo que las putadas existen. Por si alguien tenía alguna duda. No obstante, tendemos a llamar depresión a cualquier estado de bajo ánimo prolongado y no, señoras y señores, no todo lo que nos pasa es una depresión. A veces simplemente estamos tristes, melancólicos, de bajón, ploff, pluff o apáticos pero no deprimidos.

Una depresión es un estado de asco vital continuo. No solo nos sentimos de todas las maneras que acabo de contar sino que además se cruzan por nuestras cabezas pensamientos de desenlaces fatales sobre nuestra vida. No siempre una persona que se deprime se quiere suicidar, no estoy hablando de esto, aunque si que siente que simplemente no hay un sitio para ella en este planeta. Se siente un extraterrestre en su propia tierra y decide que quien sobra es él o ella. Además, este estado vital de anulación absoluta duele. Duele en el centro del pecho. Una presión se situa a cualquier altura de entre tu garganta y tu boca del estómago y se mueve como una bola presionándote continuamente. Como si fuera el carrillón del reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Es lo que hay, contra ello podemos hacer poca cosa.

Cuando estuve depre del todo tenía todas esas sensaciones nuevas aunque también perdí muchas cosas. Las ganas de estar con gente, las ganas de dormir, las ganas de comer (aunque estas a veces venian en forma de me como todo lo que encuentre aunque no sea comestible) las ganas de … eso que está usted imaginando ahora mismo, las ganas de levantarme de la cama y poco a poco las ganas de vivir. El mundo me aburría, la gente me molestaba y pensaba en terminar con todo continuamente. El caso es que ese último pensamiento no era mío, era como si el mero hecho de tenerlo me doliera. Una pizca de lucidez me decía que ni puñetero caso a esa idea, que tenía que ser algo enfermizo porque yo en realidad no daba por terminado mi paso por esta existencia. Era de locos, mi mente tiraba al monte, y algo más en mi interior me decía que ni caso a mi mente. Fue así como conocí a la loca, a la que domina el mundo de los mortales, a la mente horrible que dispara ideas como un disco rayado, ideas que de verdad no son nuestras, sino instaladas como si fueramos un disco duro andante.

Al principio, como toda deprimida oficial acudí al médico (y no me opongo jamás a esta opción quede claro) pero lo que ocurrió es que me taparon los sintomas con pastillas y claro, los síntomas se iban un rato cada día pagando el precio de parecer una zombi. ¿Como no se me iban a ir los síntomas de la depresión con aquellas pastillas si también se me iba la capacidad de recordar donde había puesto las llaves de casa, el nombre de mi vecina de toda la vida, mi edad, o el número de portal donde vivía? Por su puesto que los sintomas se iban, se apagaban, y con ello se apagaba todo mi ser. Las pastillas que tomaba eran una especie de Tippex mental que echaba borrones de pasta blanca sobre todo lo que me recorría por dentro. Vamos, una mierda donde las haya, porque cuando se pasaba el efecto volvían con fuerza todos los pensamientos horribles que tenía a diario como si fueran toros esperando a salir por el portón de los San Fermines.

Un día que estaba con el ceño fruncido, para variar, le dije a mi mente por primera vez que se callara. VETE A TOMAR POR EL CULO, me amargas la existencia. Le hablé yo a ella, como si fuera una intrusa que vivía a sus anchas en mi cabeza. Recuerdo ese momento como algo liberador dentro de mi cuerpo, como si se descorchara una botella de champán en mi azotea. ¡Cállate loca! Era lo que le decía tranquilamente como si estuviera gritandole a alguien que estuviera a mi lado. Si, lo se, es para echarse a llorar, pero es que descubrí que dentro de mi había un puñetero disco rayado y me di cuenta de que por más medicación que tomase yo tenía que participar y echar a aquella intrusa de mi vida.

Desde entonces he conocido todo el periplo de terapias del planeta. He ido a un psicólogo, he meditado en todas las posturitas conocidas, hecho reiki, he rezado todo lo rezable, he caminado por la naturaleza, he cantado a gritos por la casa, he hecho deporte, me he leido toda la biblioteca espiritual del planeta, he tomado flores de bach y hasta he caminado sobre brasas ardientes, por mencionar solo algunas cosas, todo con el fin de conocerme mejor por dentro y destruir a la intrusa y dejar de ser su rehén. Y funciona. Todo eso y mucho más funciona. No lo puedo negar. La intrusa loca empezó a callarse y como consecuencia empecé a ver la luz. Y no la luz divina que todos venden, sino la mía, la natural, la que me corresponde por el mero hecho de estar viva. Sin embargo, que mi mente me dejara en paz no era una meta, sino un medio, un camino que sabía que tenía que ejercitar a diario. Y desde entonces cada día, al margen de la terapia que elija, sin excepción desde hace ya muchos años, simplemente, reflexiono. Pienso. Medito en las cosas de la vida. Las observo. Las reduzco a lo que son, que es nada. Las extraigo de mi mente como si fuera una mera observadora. Las veo como si fueran una película y esto, amigo o amiga, si que funciona. La reflexión y la folosofía de hacerte simplemente esta sencilla pregunta “¿es esto que pienso ahora mismo, real?”

Es la gran pregunta,¿Es mi mente y sus pensamientos la unica verdad que existe? En cuanto piensas cinco minutos en ello te das cuenta que nada de lo que ocurre es real. Ningún miedo existe fuera de tu puñetera cabeza, solo son programas, fallos del sistema. ¿Te ves capaz de llegar a esa conclusión?

Espero que lo pruebes, observar tu mente como si fuera una vecina que ha venido a interrumpir tu siesta y tienes que ponerle buena cara. Esa que te cae tan mal porque presume mucho de lo que no tiene y critica a todo el que se le cruza (incluído tu). Esa es tu mente.

Te toca aprender a domarla. Bastarán 5 minutos de silencio y respiración para que empieces a observarla, a callarla a no luchar con ella, simplemente a conocerla y a ver como se las gasta. Te invito a que lo hagas y que al lado de esta tontería tomes tus medicias, o camines por el bosque o hagas reiki o lo que te venga en gana. Verás como le ganas la batalla solo con mirarla a la cara porque se puede, en realidad no hay depresión que valga aunque tienes que estar tú por medio, tomando el control de tu vida. Haciendo de ti un proyecto.

Solo espero que te des cuenta.
All my loving.
Susana